Tuesday, June 27, 2006

Operación Gomorra


A continuación se transcribe un artículo publicado por el diario La Tercera en su suplemento Mundo del Domingo, el 24 de julio de 1984, cuando aún se publicaban estas cosas en Chile. De todas maneras es interesante la tergiversación que hace el periodista respecto a las fechas. Tratando de justificar el bombardeo sin duda, se dice que fue en venganza por los ataque a Londres con las V1 y V2, el lector deprevenido puede creerlo, pero buscando un poco en cualquier libro de historia, se puede confirmar que la primera V1 cayó sobre Londres el 13 de junio de 1944, es decir casi un año después de lo de Hamburgo. Así, las V1 y V2 podrían entenderse como venganzas, pero no al revés, como se pretende. Este documento es valioso porque lo escribe un periodista neutral, en un país perdido en el mapa y en un diario también neutral, de modo que no hay aquí intento de defensa del nacionalsocialismo.


Operación Gomorra

Hamburgo, uno de los puertos más florecientes de Europa, conmemora cada 24 de julio un aniversario del sangriento bombardeo aliado que lo convirtió en cenizas, matando más de 70.000 de sus habitantes, prolongándose su agonía por más de una semana.
Justamente a la medianoche del 24 de julio de 1943, setecientos treinta y nueve bombarderos, tripulados por cerca de 5000 aviadores, dejaron caer sobre la casi indefensa ciudad 2317 toneladas de bombas, convirtiendo en ruinas todos los barrios populares del puerto: Rathemburgoort, Hammerbrook, Hohenfelde, Burgfelde, Hamm, Ellbeck, Barnbeck y Mandsback.

El bombardeo que iba a prolongarse hasta el 3 de agosto, recibió el nombre clave de “Operación Gomorra”, y fue concebido por los ingleses en castigo por las continuas incursiones de la Luftwaffe a Londres y por el lanzamiento de las bombas teledirigidas llamadas V1 y V2. A la cabeza de este verdadero apocalipsis que se dejó caer sobre Hamburgo estuvo el Mariscal del Aire británico Sir Arthur Harris, que comandó las acciones durante los siete días que duró la venganza.

70.000 muertos

Aproximadamente a las 23:30 horas de ese día las sirenas comenzaron a ulular su lento llanto de agonía, llamando a los habitantes a correr a los refugios. Sólo diez minutos después comenzó a caer el granizo de bombas de todos los tamaños, explosivas e incendiarias, que en menos de quince minutos redujo apolvo las tres cuartas partes de los edificios. A la media noche 10.000 casas arden por sus cuatro costados. El súbito ataque sorprende por su violencia a casi todos los pobladores que no saben qué hacer. La mayoría corre a los sótanos o refugios antiaéreos, pero no tienen tiempo para llegar. Otros, con más suerte, lograron cobijarse momentáneamente.
La primera nube de Lancaster y Halifax pasa lentament, seguida inmediatamente por una segunda que es aún más mortal que la primera, porque ahora se suman bombas conteniendo combustible, que se escurre por todas las rendijas quemando a todos los seres que se encontraban allí. La defensa antiaérea es destruida en pocos minutos y Hamburgo se convierte en una ciudad mártir en menos de media hora.
“El líquido incendiario era el más peligroso- dice uno de los sobrevivientes- pues se escurría por las escaleras, se pegaba a los muros, haciendo inútil el trabajo de los bomberos. Centenares de personas comienzan entonces a salir de los abrigos, buscando el río. Pero pocos alcanzan a dar unos pasos, corriendo enloquecidos, antes de reventar literalmente, por el calor reinante, que alcanzó a los 750 grados centígrados. Los vapores y el humo de los incendios llagan a los 12.000 metros de altura”.
Los edificios caen barrio por barrio. Montañas de polvo, ladrillos y cemento lo convierten todo en una visión dantesca. Ya nadie atina a nad. Familias enteras perecen abrazadas, intentando protegerse los unos a los otros.
Muchos se quedaron pegados al alquitrán de las calles, que hierve, convirtiéndose en antorchas humanas. Las llamas, avivadas por un fuerte viento, que en ocasiones alcanza a ráfagas de hasta 200 kilómetros por hora, lo transforman todo en una hoguera. Todo es convertido sistemáticamente en cenizas. Casa por casa, calle por calle. Los avionespasan y repasan lanzando su contenido mortal.

Pero queda lo peor.

Las horas van pasando y el ataque no se detiene. Por el contrario: adquiere nuevas fuerzas. Las tapas de las alcantarillas saltan, se funde el metal, y da la impresión que el paroxismo ha alcanzado su máximo furor. Pero no. Aún queda lo peor.
Los aviones dejan caera ahora bombas con productos químicos, especialmente fósforo, que termina la labor comenzada por las explosivas o incendiarias.
El fósforo es quizás uno de los productos químicos más terribles, si se utiliza para destruir. Las bombas que lo contenían explotaban y el elemento, al contacto con el oxígeno, se incendiaba, pegándose a todo lo que encontraba a su paso. Es imposible de apagarlo, pues con el agua arde aún más. Miles de personas fueron empapadas con este compuesto, pegándose a la carne. Ardiendo, llegando a los mismos huesos. Desesperados, familias enteras se arrojan a las aguas del río, que se encuentra hirviendo. Pero allí el fósforo encuientra un excelente caldo de cultivo y arde aún más. Cocinados, como en una gigantesca marmita, algunos intentan llegar nuevamente a las orillas de los muelles, donde se encuentran con nuevas bombas.
Algunos prefieren morir ahogados. Muchos padres hunden a sus hijos en el agua tratando de salvarlos. Otros, por el contrario, para ahogarlos y evitarles el sufrimiento. Luego ellos siguen el ejemplo.
Los parques y las plazas públicas son sólo hogueras. Entre cada bombardeo median unos minutos que muchos aprovechan para huir. Muy pocos lo logran, ya que al amanecer todo arde. Nada hay en pie. Los que no han muerto reventados por las bombas explosivas, perecen por las incendiarias. Otros se asfixian en los refugios que se han transformado en trampas mortales, pues han quedado sepultados bajo toneladas de escombros.
Cuadrillas de soldados protegidos por los bomberos recorren algunas calles disparando sobre los sobrevivientes, ahorrándoles así la atroz muerte. Lo mismo sucede en los brazos del río, que son vigilados por soldados que, qmbarcados en botes y lanchas, cumplen con la misma labor.
Las cañerías de gas que revientan por el calor, constituyen también otro peligro. Aunque a metros debajo del pavimento estallan provocando nuevos focos de llamas, avivando, si esto es posible, los que ya se han originado...
A la distancia, Hamburgo parece haber recibido una bomba atómica. Las llamas y el humo han alcanzado varios kilómetros de altura. Ya nada queda vivo. Todo está destruido.
Y, sin embargo, el ataque no ha terminado. Deberá pasar toda una larga semana para que los Lancaster y los Halifax se retiren para siempre. Y meses y meses para buscar los muertos, o lo que queda de ellos.
Hamburgo había sido escogida como conejillo de indias para experimentar con sus habitantes el compuesto químico del fósforo, y éste debería, a su vez, ser utilizado en otros bombardeos a ciudades alemanas, en esa locura colectiva que se llamó Segunda Guerra Mundial.

El Infierno de Dante

Arthur Statdler, un viejo hamburgués sobreviviente, dijo sobre este horrible holocausto:
“Ignoro realmente cómo me salvé. Supongo que por un milagro. Supimos desde un principio que éste no sería un bombardeo más. Que era algo especial. Y no nos equivocábamo. Todo era horrible. Lo peor era el fósforo, cuya acción nosotros desconocíamos. En cuanto tocaban tierra las bombas explotaban, lanzando su contenido a decenas de metros de distancia. Todo lo que estaba cerca se incendiaba de inmediato. Las ropas comenzaban a arder sin detenerse. Sólo quedaba un camino, desnudarse antes de que tocara las carnes. Si esto sucedía en la cabeza. La víctima se torcía entonces, atenazado por el dolor, mientras otros le echaban tierra encima. A veces esto detenía la acción del fuego. Pero cuando la tierra caía, el fósforo volvía a arder y todo recomenzaba. Imposible salvarse. Entonces era mucho mejor el tiro de gracia, que muchos pedían a gritos...Esa noche visité el infierno de Dante, y por razones que desconozco, sobreviví...”

1 Comments:

Anonymous Anonymous said...

Es imposible creer que exista mentalidades tan criminales como los responsables políticos y militares de Estados Unidos e Inglaterra que realizaron la “Operación Gomorra”, que tiene sentido bíblico pues refiere el castigo de la divinidad judia sobre dos ciudades corruptas.
Quizá para la mentalidad sionista y judeocristiana Desden y Hamburgo debáan ser destruidas por don centros urbanos de tradición alemana, llenas de belleza, trabajo y alegría, esto antes de la guerra.
Los 70 mil muertos en Hamburgo, solo es un número que trata de llegar a una realidad, pero el sufrimiento de hombres, mujeres, niños y ancianos no se puede contabilizar el dolor, menos el de las quemaduras.
Todo hombre que se aprecie de tener una conciencia libre y lucida, debe conocer en detalle lo que ocurrió en Dersden y Hamburgo y trabajar por la memoria de esas víctimas difundiendo la verdad.

Juan Pablo Herrera Castro
luzdealbania@hotmail.com

2:31 PM  

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